Thought of you as everything I ve had, but couldn t keep
Después de haberme resignado a dejar de esperarlo, llegó. Sinceramente no lo reconocí cuando tocó la puerta, de todas maneras lo dejé pasar y nos sentamos a hablar en el living. Algo en su actitud me intrigaba, sus ojos parecían empecinados en no detenerse en ningún sitio, en devorar cada sector de mi casa de una sola mirada. Al poco tiempo noté que se clavaron en la puerta del fondo, como si escondiesen alguna suerte de visión de rayos X que les permitía descascarar la pintura y dejar al descubierto los ladrillos que conformaban la estructura que me amparaba.
La puerta del fondo permanecía siempre cerrada, escondida tras el escenario montado frente a ella. En apariencia la casa era normal, común y corriente, pero ante los ojos de un observador entrenado, las pequeñas anormalidades hacían que todo tuviese sentido. Mientras tanto hablabamos, de que, no se. Nuestras gargantas emitían sonidos que alguna vez tuvieron sentido, simplemente propagaban el eco de algún pensamiento que ya estaba aburrido de no hacer nada y aprovechaba que nadie iba a notarlo para darse una escapada al mundo exterior.
Nunca quise abrir la puerta, temía que la gente se quedara parada frente a mi ventana observando con asombro, pero de ese asombro que asusta, con temor y horror, sin poder creer, en realidad, sin poder entender y asumiendo que lo que no se entiende debe asustar. Realmente no recuerdo haberla dejado abierta frente a nadie, digamos que nunca comprobé mi suposición, pero el terror me dominaba y no fui capaz de vencerlo, preferí cerrarla con llave.
Al principio permanecía horas, días enteros dentro de esa habitación, pero con el tiempo descubrí que me estaba perdiendo lo que sucedía fuera, que estaba dejando pasar tantas otras cosas. Empecé a entrar en ella con menos frecuencia, es más, no recuerdo la última vez que estuve allí. Supuse que las visagras se debían haber empezado a oxidar y que abrir la habitación provocaría un estruendo suficiente como para despertar al barrio entero, que acudiría al instante y se dentendrán allí, frente a mi ventana, clamando por una explicación. Por eso simplemente aprendí a convivir con su fantasmal presencia, pretendiendo ignorarla.
Pero asi como su curiosidad e intuición trataban de deslizarse por debajo de aquella puerta, mi compostura, aterrada, con cautela, dejaba que mi otra parte se acercara a observar. Porque él se dio cuenta que allí había algo más, él la vio enseguida, realmente la descubrió bajo las capas de normalidad que la cubrían. Que haya podido lograrlo me sorprendió, fue ese el preciso momento en el cual me di cuenta que realmente era él.
El disco se terminó y se levantó a cambiarlo. Mientras tanto se detuvo un momento frente a la biblioteca y repasó con detenimiento cada lomo. Recorrió un estante con el dedo índice y me dijo “este libro es excelente”. A continuación abrió una de sus páginas y comenzó a recitarlo. Un estruendo se escuchó de la habitación del fondo, la luz se encendió y el picaporte tembló.
“Disculpame”, dije, “es que creo que se metió un gato, ya vengo”. Atemorizada sin saber que hacer salí a tomar aire, era uno de esos momentos en los cuales hubiese cambiado mis vicios por los de cualquier fumador. Mientras, dejaba que escuche la música que sonaba. Tenía un poco de miedo todavía, dudaba, mi estructura peligraba.
La puerta quedó entreabierta y pude espiar a través de esta abertura como sigilosamente se acercaba a la puerta del fondo y apoyaba su oreja, luego tanteaba los bordes como buscando alguna forma secreta de abrirla.
Tosí, para evitar justificaciones, excusas, mentiras y explicaciones, y espere a que retomara su lugar para volver a entrar. “Perdoná”, le dije, “tardé mucho”.
Cerré la puerta detrás de mi. Ambos estabamos de pie. Él se acercó al pasillo que unía la entrada con el living, donde yo estaba atravesando una especie de parálisis, sin dejar de mirarme a los ojos, se paro frente a mi, me tomó de los hombros y me ubicó de espaldas a la puerta del fondo. Se acercó y puso sus labios sobre los míos.
“Hola”, dijo, saludando a quién salía de allí atrás.


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